“Las emociones como brújula de nuestro caminar”

El origen de la palabra emoción viene del latín Emovere, el prefijo “e” significa retirar y/o alejar de, y el verbo latino “movere”, refiere a impresionar o mover. En inglés Emotion, se desglosa “e” (alude a energía) y motion (movimiento), por lo tanto, la palabra emoción da cuenta de una fuerza o energía que nos ayuda a impulsarnos a evaluar una determinada situación para movilizarnos en una determinada dirección. Considerando lo anterior, se podría visualizar como una brújula que nos permite evaluar nuestro mundo interno y externo, entregándonos información valiosa en relación a qué necesitamos, creando así y haciéndonos responsables de nuestro propio caminar, experienciar y sentir.

Cabe señalar, que es importante tomar conciencia de que las emociones no son ni positivas ni negativas, ya que cada una nos señala información trascendente a utilizar para movilizarnos cumpliendo así funciones particulares ante nuestras necesidades. Así cómo un pintor, posee en su paleta de colores la posibilidad de crear su obra al abrirse a todas las tonalidades y explorar qué va sucediendo con ellas, al contactarse abriendo espacios de transformación y expresión, nosotros al abrirnos a las emociones, enriquecemos nuestra manera de relacionarnos con nuestro propio ser y con el mundo, percibiendo la información y cambios que vienen desde el ambiente tanto interno como externo y movilizarnos hacia una manera más adaptativa y nutritiva para co-construir nuestra realidad.

Esta apertura a los colores de nuestras emociones, contribuye a permitirnos estar con lo que nos sucede momento a momento, en vez de luchar con ello, lo cual se vuelve complejo debido a que resistir aquello que experimentamos va generando sufrimiento. En cambio, si escuchamos y confiamos en la sabiduría de las emociones, las cuales tienen una curva de inicio y cierre, podemos ir honrando aquello que vamos experimentando y utilizarlas como recursos.

Es fundamental entonces, comprender que las emociones presentan una función adaptativa, de sobrevivencia, son como un sistema de alarma que se activa cuando detectamos algún cambio en la situación que nos rodea. Considerando el punto anterior, cuando como adultos estamos en el proceso de formación, educación y acompañamiento de la esfera emocional, es vital que primero nosotros tomemos conciencia en referencia a qué emociones nos permitimos y cuáles no, con cuáles tenemos dificultades o posibles traumas asociados, además de comprender el cómo las gestionamos y canalizamos y por supuesto las respuestas que damos frente a las reacciones emocionales de los demás ( pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, entre otros).Frente a esto, compartiremos algunos tips que pueden contribuir a la educación y a la comunicación emocional, donde es fundamental recordar que el arte de una buena comunicación parte con escuchar:

Atención Plena: es vital poder identificar, registrar y observar sin juzgar lo que sucede en nuestro interior, tomar conciencia de la emoción, sensaciones corporales y pensamientos asociados, abrir la puerta con curiosidad y compasión a lo que sea que estemos percibiendo en el aquí y ahora, para esto es importante tomar contacto con distintas dimensiones del experienciar:

1) Parar: detenerse para estar un momento en el aquí y el ahora para poder sentir y volver a ti, escuchando con atención qué te sucede, es decir parar el piloto automático fomentando así la observación sin apegarse a lo que va emergiendo, sino más bien activando una disposición de apertura a la experiencia.

2) Respirar lento, pausado, profundo y conscientemente: esto permite ir generando espacio para aquello que surge y acompañar cualquier estado que uno este vivenciando. Al respirar podemos activar el sistema parasimpático que promueve la activación del sistema nervioso asociado a la autorregulación y relajación, lo cual es clave para la gestión emocional.

3) Escuchar conscientemente sin juzgarte: posibilita el estar disponible y atento a lo que ocurre, eligiendo entrar al terreno de la incertidumbre, es así como lo que surge se vuelve algo presente y vivo. Es importante desde aquí preguntarse como plantea Ps. Claudio Araya en su libro, El mayor avance es detenerse, “¿qué se oye cuando se oye en profundidad? Se escucha la novedad y la riqueza de la experiencia, se escucha lo vivo que se expresa en el presente. En nuestras cabezas habitan los hábitos, pautas y repeticiones, lo que se manifiesta en el presente es único en el momento en que se expresa, podremos haber escuchado cientos de veces la novena sinfonía de Beethoven, pero en el momento en que la vuelvo a escuchar la melodía se hace nueva y diferente una vez más, como la primera vez que fue interpretada, soy yo quien me adelanto y comienzo a predecir las melodías que vienen, pero mientras es interpretada, cada nota fenomenológicamente es pura novedad”. Por lo tanto, se vuelve esencial el no juzgarte, y tomar la elección de que cada nueva emoción puede ser una nueva invitación para conocerte, para recordarte, para integrar la totalidad que eres y entregarte herramientas para vivir e interrelacionarte en esta bella y frágil experiencia humana.

Y no olvides que esta misma necesidad es la que también tienen las otras personas: no los juzgues, atiéndelos para conocer su necesidad, su emoción, esto finalmente ayuda a promover la concientización de la situación, de los pensamientos y estados emocionales. Cabe recordar entonces, que es importante no descalificar el estado emocional, como señalamos anteriormente, las emociones tienen una función adaptativa, no son buenas o malas, son señales del organismo, que guían nuestra conducta, nos dan mensajes acerca de qué nos sucede y qué necesitamos realizar para estar bien. Todas las emociones tienen un mensaje importante para nuestro bienestar, por lo tanto, es esencial sentirlas y escuchar su mensaje. Por consiguiente, es vital, acostumbrarse a hablar de las emociones, expresarlas a su vez con naturalidad en lo cotidiano, pues éstas tienen una función comunicativa, entregan un mensaje a los demás y a uno mismo, por ejemplo, la pena transmite a los demás que necesito apoyo o consuelo.

Aquí presento una clasificación de las emociones, planteadas por el psicoterapeuta Jan Glasenapp, (2013) en su libro “Las emociones como recursos: Manual de psicoterapia, coaching y asesoramiento” para conocer acerca de las funciones y mensajes que nos traen ciertas emociones:

-Felicidad: nos señala que estamos recibiendo algo que es visto como positivo. Nos ayuda a resolver los temas de asimilación ligados con la expansión de nuestros límites y nos motiva a obtener más de esto.

-Tristeza: nos indica la necesidad de procesar la pérdida al estabilizar nuestros límites violados. Dispara un proceso psicológico que nos permite separarnos de lo que se ha perdido y aceptar esa pérdida.

-Miedo: da cuenta de la necesidad de protección ante una posible amenaza. Activa funciones físicas que protegen nuestras necesidades: huimos o nos retiramos.

-Enojo: señala la necesidad de protegernos activa y físicamente de una amenaza a nuestros límites de identidad. Esta activación, sin embargo, está expresada no solo por la huida (como con el miedo) sino también por nuestro distanciamiento de la amenaza.

-Disgusto: nos muestra que algo que se ha convertido en demasiado cercano nos está poniendo en peligro. Moviliza la energía para librarnos de él y para asegurar nuestros límites.

-Sorpresa: nos señala que cualquier cosa es posible. Activa nuestro cuerpo, incluso si no está claro en qué dirección.

Te invito a leer la entrevista realizada al Psicoterapeuta Jan Glasenapp, referente al valor de la emociones y cómo visualizarlas como recursos:

http://www.br-online.de/…/Glasenapp-Las_emociones_como_recu….

Además dejamos este video interesante y reflexivo acerca de don y el poder del coraje emocional de Ph.D. Susan David.

https://www.youtube.com/watch?v=NDQ1Mi5I4rg

Se despide atentamente

Constanza Foncea Moreira

Life Coach

Psicóloga Clínica

Terapeuta EMDR